domingo, 16 de julio de 2017

El viento
desata su cálido aliento,
es un puto enfermo que acaricia los brillantes lomos de las chicharras.
Un océano de luz,
espesa y ambarina luz,
empapa los edificios, degrada el asfalto, desampara las aceras.

Entre las cortinillas del séptimo piso la chica de ojos azul plutonio
suspende los rayos solares,
su ombligo sube y baja al compás de la respiración asfixiante,
no existen barricadas, ni conceptos,
la calle se extiende…

Un perro ladra a lo lejos
la voz tajante y hosca del portero
estremece los rellanos,
ella cierra las cortinas y empapada se hunde en la cama.

Repiquetea una perecedera armonía y se torna hacia la mesilla,
dos estrías azules incendian
la fortaleza de mi soledad,
desato toda la maestría anhelante
para sentir que, tras la ridícula realidad,
aceptas el juego y contestas,
honesta, regalándome
unos segundos de pensamiento...
...inflamando mis fantasías...


El viento transporta la esencia dulce de tu blanca piel,
a través de las ciudades...
...hasta mí…
… puto enfermo.


Entonces cierro los ojos y conformo tu imagen,
resoplo despacio,
casi puedo sentir tus caderas contra las mías…

… fumo más mierda,
casi puedo sentir tus dientes en mi cuello…

lunes, 3 de julio de 2017

Cuando se apagaron los soles,
el amarillo tinte del gas resolvió fundirse
con el aire,
las formas oscuras mantuvieron firmes sus contornos,
y aquellos cascos de muerte negra,
de titanio y odio,
se enfundaron en pieles tóxicas.

Al compás, corazones distópicos
subieron la vía grande,
sostenidos por el polvo blanco
y las pastillas azules.

En un infierno celeste,
entre adoquines y basura ardiendo,
en formación,
ejercitando los bufidos,
regando de espuma las aceras,
sonriendo con los ojos inyectados…

…y en una esquina,
buscando refugio bajo la débil estructura de un banco,
observo la escena,
tiemblo,
me enfado,
golpeo el suelo con los nudillos ensangrentados,
mientras vuelan las hostias,
como vuelan,
las golondrinas en verano.

lunes, 29 de mayo de 2017



Ciega y descalza, la voz de la conciencia
babea sobre las aceras,
las astillas muerden la carne
que se contrae y sacude
las paredes interiores del estómago.
Acepto con gesto comprometido
el amargo baile de los sauces,
el oleaje alcohólico
de un océano sin vida.

Me impulso por fragmentos estacionales
que a la tarde acuchillan,
rechazo la mirada del cosmos autista,
fisonomías pálidas, bocas negras,
hipnosis digital, sistematizada,
y el sol palidece acallado.
Siento entonces cómo se corroen
los ferrosos barrotes de la ventana,
en comunión empática
mis cicatrices se ahuecan, se desfiguran,
aspiro a través de ellas la salinidad
de la noche,
el hastío rítmico-selectivo…

Párpados grises, párpados de arenisca
confinando en círculo de fuego
la penumbra,
licuando el estruendo con el silencio,
y tras ellos, agazapada en la retina,
la mística homicida de quién anhela
ser parte de su nívea piel.

sábado, 27 de mayo de 2017

En la habitación se suicidan las rutinas,
me deslizo por tus caderas
acariciando el contorno de tu ombligo,
la euforia latente se sostiene
por imágenes pasajeras en fricción.
Tus pezones acarician las sábanas,
te giras,
deslizas los labios
y encierras mi mirada en tus jadeos.
Lamo cada esquirla de reflejo
que los rotos espejos devuelven,
y conjurando el dolor
me sumerjo ansioso en la oscuridad,
derramándome sobre las formas
exactas que abovedan tu espalda,
y te vuelves, y sonríes,
y me muestras el coño depilado
mientras trazas curvas cerradas
alrededor de  tu clítoris.
Se destila la noche en tus ojos,
se vierten los errores, lágrima a lágrima,
disolviéndose por tus mejillas como ceniza
en la oscuridad.
Entonces brotan las voces,
dulces y delicadas voces que mienten,
que ruegan, que rezan...
voces serpenteantes que se deslizan,
aceitosas y cobardes por las esquinas,
vigilantes, envidiosas...

Megara: Atajo al cielo


jueves, 13 de abril de 2017

No quiso creerme cuando le abrí el corazón,
tal vez pensara que bajo la coraza
apenas cabía una persona…

… es la consecuencia de vivir de la nada.

Pasaron unos meses,
me sometí a la apatía de la regularización selectiva,
abracé rutinas y forniqué con la idea
de ser
N O R M A L
levantarme temprano,
desayunar con las primeras luces
del alba,
correr,
media hora al principio,
algo más al poco,
almuerzo a media mañana,
comida equilibrada…

… la tarde me pillaba ocioso,
inmerso en proyectos y lecturas,
y así abrazaba la noche cuando el prime time
se intuía a lo lejos.

El equilibrio diario fue estructurando
el arrabal neuronal
que tenía por sesera,
y poquito a poco
fueron ordenándose pensamientos
e ideologías.

Sentí de repente la necesidad
de comprar un monovolumen
pasear en chándal y leer a Murakami
por las calles del extrarradio.
Alquilé un piso de tres habitaciones,
vistas al parque,
cerca de colegios y supermercados,
instalé una tele grande de cojones,
hice amigos insustanciales con quien comentar el fútbol
y beber cerveza,
y compré un cómodo sofá-cheslón-relax
desde el que adorar a Schopenhauer.

Finalmente cubrí el frigorífico
con folletos de comida a domicilio.

Y conseguí olvidarme de mi
y olvidarme de ti.

Fueron tiempos de paz,
gloriosas llanuras de calma
sin altibajos,
serenidad para el alma,
sosiego para el corazón,
pereza para el sexo,
y libros de autoayuda:

la felicidad del vegetal,
el orgasmo de la clase media.

Y luego tú.
De nuevo tú…

… el despertar de la agonía,
el resurgir del deseo,
las noches de insomnio
y los días desordenados…

Vendí el monovolumen y volví al centro,
me deshice de la ropa running
y en vaqueros y camisa abracé de nuevo
la frialdad de las sombras,
el sabor del loracepan.

Desde la ventana,
como un ser deforme y asustado
contemplaba tus paseos,
envidiando a tus acompañantes
y a los pájaros
que sobrevolaban la oscura belleza
de tu melena al viento.

Tanto temblar para no conseguir nada,
para conciliar el sueño de manera disruptiva.

Para abrazar la triste venganza del karma
mientras rasuro mi poblada barba.

Gimen los ventanales, gotas frenéticas

frotan su piel de cristal contra el cemento,

ambicionan lubricar la vieja ciudad

con susurros huidos de Samarcanda.

Un ligero grano de arena dormita

en el parabrisas de un coche olvidado,

sueña con ser barro, rojo y moldeable,

cuando abra su camino la primavera.

Me inyecto el olvido de las amapolas,

mis manos, como tijeras en penumbra

reducen el dolor a puro silencio.

Ensueños del Sahara desgarran Madrid,

lamen el vuelo audaz de las golondrinas

mientras Abril se rompe contra el asfalto.

martes, 28 de febrero de 2017

Ballenas de cristal destrozan el cielo,
devoran la luna fría de febrero,
surcan las radiales con sueños de alquitrán.
Nubes grises de tiempo perdido avanzan
con la amenaza de lluvia fina, negra.
La noche tropieza con el horizonte
perdida en un abismo de soledades,
parto segundos en débiles fragmentos
que se transforman en cien mil prismas de luz,
aspiro cada brizna de falso fuego
con la ingenuidad agarrada al est´´omago,
con la piel yerma, translúcida, fantasmal.
Ya no quedan lágrimas en esta lluvia
ni constantes en las incertidumbres,
sólo corrientes robadas al viento.
Persigo las miradas a ras de suelo,
catalogo incontables gotas suicidas,
cogen impulso, saltan sobre los coches,
ejecutan bellas figuras en vuelo,
impregnan de aromas ferrosos las calles,
lamen las paredes de los edificios.
La soledad, desde mi rincón, sumerge
las esperanzas en el tenue aguacero,
atenazo las rodillas - no me adapto-,
me deslizo, triste, por las avenidas.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Penetra la noche, inquietante realidad,
corvadas y angustiosas maniquíes de piel dorada
olfatean el aire, rasgando el infinito,
suturan la luminosa brecha que comunica
distintos universos.
Desde la centralita, cableo mensajes multimétricos,
señalo la grandeza con dedos de cera,
disocio la fatalidad, la hermosura, la cordura,
la confianza...

Aún más adentro,
más adentro,
donde la piel se hace escama y las nubes
-sulfurosas humaredas de vapor de miedo-
se agrupan, bailan, forman extañas figuras,
imágenes etéreas de sueños espantosos,
donde despierto,
erecto,
con los dedos de las manos pringosos,
y el aliento cálido de un alma perdida
rizándome los pelos de la nuca.

¡Aún más adentro! - gritan las hienas-
aún más adentro y señalan,
con sus pezuñas ensangrentadas,
señalan, pecados y penitencias,
señalan posturas y escuelas,
muestran sus pechos marchitos,
se lamen los pezones, chillan, gimen, rien...

Más fuerte,
adentro,
más fuerte y dentro,
la cara pálida se desgrana,
se pixela sobre las sábanas blancas,
y la turba se agolpa bajo la ventana,
se escuchan las voces, se escuchan los latidos:
un
dos
un
dos
un dos
despacio,
el cielo es un gato negro
y las calles grises arañazos,
los bloques se alzan cansados, sosteniéndose
apenas,
sobre sus cansados muros,
y la voz que no cesa, el grito que sucumbe,
la aceitosa marea de manos agitadas,
chocando las palmas al compás del corazón,
los versos que vuelan, desordenados,
perdidos en un fondo confuso,
en un bosque pétreo y frondoso,
más adentro,
m´as adentro
hasta el fondo...

sábado, 18 de febrero de 2017

En las ráfagas de la triste realidad,
entre los escombros de toda una vida,
hay belleza.
Las sombras alargadas de la rutina,
las grietas habitadas de la pared,
los charcos oscuros del asfalto,
son versos ya escritos que merecen un poema.
Y no hay corsé
ni medidas
que se adapten.

Y si de los cielos acuden serafines que a los arrabales,
a la nostalgia de lo absurdo consiguieran ceñirse,
del caos resultante
cabezas erguidas,
lenguas de fieltro,
junta-letras de piel fina
y modales de cerdo
aceptaremos,
que en el versar,
-aunque sea invierno y la poesía tirite de frío-
en el versar,
también hay clases.

Aquellos que en la escuela estudian
estructuras precisas,
en ocasiones olvidan volar,
digerir el intangible misterio
que todos compartimos,
que empapa por igual al citado
y al anónimo.
Un alma universal,
un solo espíritu reflejado
en los ojos morados,
en los llantos arrepentidos,
en los gritos desgarrados.
Un alma que ríe frente al espejo,
que bucea entre los edificios,
que se corre con poemas  vacíos
perfumados en alquitrán,
sin ninguna carga poética...


... son sólo versos,
pensamientos sin sentido.

Arcadas de un loco soñador,
-tal vez un poco gilipollas-
que se cansó de soñar,
se cansó de creerse poeta,
se cansó de contar historias,
cuando, al parecer, lo importante,
era contar las letras.

sábado, 11 de febrero de 2017

La mujer repasa mentalmente la lista de la compra
mientras tienta el suelo buscando las bragas,
apaga la cuenta atrás antes de que suene la alarma.
En el baño, frente al espejo,
adormilada e irritada,
se enjabona el coño.
Cuando vuelve al dormitorio ya no está el “Banquero”,
un puñado de monedas y un condón usado
mantienen el billete de cincuenta
sobre la mesilla.

La oscura noche gime desnuda
tras la ventana.

En el asiento trasero de un coche de lujo
el “Banquero” respira coca,
sonríe al ver el reflejo de sus fosas nasales
en el espejo de aumento.
Su estúpido chófer prende un cigarrillo,
lo hace bailar entre sus dientes de oro.

Un frenazo seco, dilatado.

Diminutas motas de polvo en suspensión.

Un hombre asustado, sudoroso, apoya las manos
sobre el capó, se deja caer sobre la acera.

El coche acelera, desaparece,
y un fluido dorado, espumoso, se rompe contra el suelo.

Con el peso de las sombras sobre los hombros
el hombre se alza.
Avanza con la mirada derramada,
escudriñando las grietas del asfalto,
buscando versos podridos.

El hombre bucea por los rellanos,
alcanza la puerta y cruza el umbral,
en el dormitorio la soledad,
sobre la mesilla un billete de cincuenta,
algunas monedas y la lista de la compra.

martes, 31 de enero de 2017



Las calles, los muros, el asfalto,
las escenas, los moteles,
el aire viciado…

                     …perdidos.

La prosa, el verso,
las formas, el fondo, el ritmo,
las referencias, los referentes…

                                           … perdidos.

Las resacas, los traumatismos,
los desmayos,
las montañas, los valles,,
los cielos,
las pecas de tu nariz…

                                 … todo…
                                             …perdido.

Los momentos de quietud,
los placeres del silencio,
los restos de bourbon en tu ombligo,
las emociones, las tormentas,
los susurros taciturnos…

                                  …perdidos.

La capacidad de mentir,
las ganas,
las implicaciones, la satisfacción,
la verdad,
el dolor …

             …perdidos.

Los arañazos en la espalda,
la frágil fortaleza,
la arrogancia,
la frescura,
la sonrisa…

miércoles, 25 de enero de 2017

Hubo un tiempo, perdido entre la memoria y el sueño:

La mano que frotaba su espalda ulcerada emitía 
distintas luces en el espacio,
y sumergidos en ruido,
en sudores frios,
penetraba violenta por su coño depilado.
Ella reía,
acercaba la pelvis al gran altavoz
y derramaba el vozka de su boca
a la mía.

Tiempos caóticos para canciones olvidadas,
letras en el desván del Barrio Viejo,
polvo tras polvo empolvando la nariz,
lamiendo blanca nieve entre sus piernas.

Las mañanas dolían, 
mezclar el semen con desconocidos me volvía irascible,
pero cómo adoraba tenerte,
aunque fueran segundos
entre la multitud,
aunque del clímax al ocaso
solo recordase un breve brillo en tus pupilas,
o el terroso tacto de tu lengua
en la parte cálida del glande.

Poco después el mundo desdibujó su línea temporal,
se torcieron los caminos
los mismos ángeles quemaron la fórmula
de la transmutación cerebral,
y las noches se agolparon en la cabeza.

Desde entonces olfateo el silencio,
masturbo la efímera llama de la tranquilidad,
buscando, deseando,
volver.


El impacto fue demoledor,
ascendió con su propio movimiento de rotación
chocó con violencia contra las aspas nerviosas
del ventilador de techo.

El alma de paseo,
expresión anonadada,
de frente,
la furia,
palabras húmedas, ojos inyectados,
extremidades rígidas.

Se suman los acordes de Karma Police,
resultado del brutal impacto cenital
una lluvia de pétalos
adornan la estancia.

El conjunto es una orquesta,
un movimiento cósmico sincronizado,
reducido a un instante
música, ira y pétalos de rosas
convierten la sala de estar
en un maravilloso concierto.

Somos protagonistas.

Protagonistas sordos de un musical
sin amor, sin pasos de baile, sin música.

Ahí estás tú,
enfadada y agresiva,
defraudada.

Ese soy yo,
ajeno a todo,
yo en el mundo de Oz,
yo con la sonrisa del gato de Cheshire,
yo con la mirada de un viudo autista,
yo preguntándome cómo es posible
que haya vuelto otra vez a casa.

lunes, 9 de enero de 2017

Las calles frías adoptan el ritmo frenético de la locura,
sin una sola arruga los trazos navegan por los lienzos,
desnudos,
sin influencias, sin fortuna,
mierda que viaja entre dimensiones paralelas,
imitándose, ignorándose, del pincel a los versos,
de los versos a las sensaciones artificiales,
decadencia como meta, muerte como metáfora,
desprecio como exaltación del lirismo.

El agua embotellada diluye plomo en su incolora existencia,
Times Square queda lejos,
la generación Beat,
el aroma de la carne cocida cercando las majestuosas entradas
de los cines de moda.

-Quítate la máscara, niño enfermo- gritaba la suerte,

-sonríeme puta malquerida, sonríeme y lloveré sobre tus muslos,
seré el ácido que corroa las entrañas del stablishment.

El peligroso mundo que nos aferra es de un rojo carmesí,
de un rojo carmesí que envuelve el aire,
que roza las ingles rosadas con el suave tacto de un glande de oro.

-Quítate la máscara niño enfermo,
suelta los pezones ensangrentados de tu madre y observa
como se empaña el cristal.

Oscuro espejo que muestra las rugosidades
del mundo,
en tus despojos buceamos, en tus úlceras, en las pústulas
de la post modernidad.

Dono hoy mi esperma,
rezo con las manos en carne viva,
niño enfermo que fornica con sus recuerdos,
niño enfermo que despoja de sentido
los orgasmos.

Y en los funerales del tiempo serán mis lágrimas,
y sólo mis lágrimas,
en realismo semi-onírico,
un exceso de bilis mimetizando con la dulce melodía
de un poema de Bukowsky.

No existe más realidad que el cansancio,
no existen más poetas que los muertos,
niño enfermo, escupe en tu máscara,
despójate de mentiras y traga cada verso,
cada poema,
con la voracidad de un alcohólico.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Manuel es calígrafo,
estudia minuciosamente
el desigual ir y venir
de la tinta sobre el papel,
autentifica firmas de personalidades,
verifica escritos,
otorga autorías.

Su mundo es mínimo, amarillento,
y venera de tal manera los cimientos
que no cabe en su mente un solo giro.

Manuel viaja en metro,
de Urgel a Alonso Martínez,
para bajar paseando
hacia Colón.

Pasa las tardes frente al museo de cera,
estudia los gráciles trazos de los copistas,
inventa sus trayectorias mientras escudriña enlaces
y ángulos.

Manuel vive solo en el piso familiar,
tres habitaciones cobijan sus libros,
cada estancia poseída
por las ánimas que habitan
los estados de ánimo.

La primera habitación encierra escritos reflexivos,
profundos y filosóficos,
tristeza.
La segunda habitación,
la más pequeña y fría,
guarda en su interior
ensayos de esperanza.
La tercera es la que habita,
cobija libros de aventuras,
tratados de geografía,
una cama vacía
y antidepresivos.

Manuel sueña con ser amado,
sueña con sentir en el alma
el fuego que alimenta a los poetas,
sueña con viajar a oriente,
sueña con ver el atardecer
desde las orillas del Ganges.

En ocasiones su pecho palpita,
cree volverse loco,
jadea, aúlla,
lanza miradas furiosas
por la ventana,
se siente ligero,
apresado en un lugar
que no le corresponde,
juega a coger impulso,
juega a romper cristales y planear
bajo la boina mostaza de Madrid.

Luego Manuel se reconoce en el espejo,
acepta su cobardía y baja la mirada,
abraza "Escritos de un viejo indecente"
y se sumerge en su lectura
con la certeza de un otoño
especialmente lluvioso.

miércoles, 14 de diciembre de 2016




A una distancia,

seguridad.

A una distancia inversamente proporcional
a la realidad.

Impenetrable.

Son dos.

A ambos lados del espejo
buscan pautas de comportamiento,
evitan coincidir en el plano abierto.

Dos
de cara a la realidad.
Se miran de frente,
reconociendo el odio en las pupilas
del otro.

En las grietas de la soledad conversan,
destrozan dialécticamente sus escenarios
se escupen pecados,
aúllan menosprecio.

Ante la multitud disfrazan el gesto
y mutilan
las convenciones sociales:

Uno viste de metáforas sus pensamientos,
adopta el cinismo,
estrecha la soledad,
conjura adicciones
y se folla a las musas.

El otro saluda a los compañeros
con la espalda encorvada,
traduce sus actos
al código imbécil,
transmuta la vida en desiertos,
el hogar en destierro.

El ardor de estómago
es su refugio anti tornados.

Ambos,

plano abierto,

ambos
huyendo hacia adelante,
enfrentando el paso del tiempo,
frente al espejo,
impenetrables,
a una distancia inversamente proporcional
a la realidad.

miércoles, 7 de diciembre de 2016


No hace falta vegetar en Las Vegas 
para deambular con un orangután armado 
con dos Smith and Wesson, 
Madrid bien podría ser el teatro, 
y aunque no me parezco a Clint Eastwood 
atravieso Gran Vía con el semblante torcido,
con mi mono de la mano. 

El sol baja la mirada,
arropa de púrpura las sombras de los edificios, 
cruzo Callao sonriendo a las bellas turistas. 

Mi mono y yo 
adquirimos drogas en la calle Desengaño, 
y fumando marihuana 
armonizamos el ritmo de la calle 
con la cadencia de nuestras caderas 
al caminar. 
Nadie se arriesga a cruzar miradas con mi orangután, 
armado y peligroso primate, 
fumado y alocado simio, 
el mejor amigo que un hombre puede tener.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Me contaron en una ocasión, que en ciertos momentos, la línea de la vida sufre un reajuste, y a modo de vibraciones fluctúa a lomos de las derrotas, se estremece, y en un parpadeo, en un imperceptible instante, el mundo implosiona y surge el caos, las decisiones que tomemos, la manera de afrontar, de sobrevivir en el caos, marcará la diferencia entre la verdad, y la mentira.

Os cuento:

Pasaban escasos minutos de las doce de la noche,
la recepción del hotel en coma inducido.

Turno nocturno.

Semana de biorritmos neuróticos
y digestiones pesadas.

Horario de salida a las seis,
rumbo a Ítaca,
sin Penélope,
sin Telémaco,
sin irritantes asistentes
ni postulantes de impúdicas entrañas.

Un sofá entrado en años perdura
en un paisaje post-apocalíptico,
cómics abiertos, sollozando sobre una mesa
color silencio.

Luego, la hora de los placeres,
paquistaní en bellota, Doctor en Alaska y onanismo homicida,
la muerte del espíritu transforma la realidad en sueño,
y en el sueño, la serenidad de la inconsciencia.

E l d e s p e r t a d o r.

Comida recalentada,
agua fría sobre la nuca,
recojo el uniforme y regreso a la caverna,
ocho horas trasladando naturalezas empacadas,
entregando sonrisas-espejo.

Reflejo en piloto automático.

Y allí estaba,
a escasos minutos de las doce de la noche.

Desconectado el armazón que me sustenta
intuyo flotar los minutos,
el aire sabe a hierro,
se tiñe de artificiales tonos ocres y de fondo
el murmullo de la barra del bar disfraza de vida la estancia.

Siento las extremidades pesadas,
una picazón me recorre el cuerpo,
la sangre arde,
borbotea sin alterar el ritmo cardíaco,
intento mover las manos,
concentro los esfuerzos en doblar el dedo meñique…

…no puedo.

Las piernas tiemblan,
intento recordar,
intento repasar los últimos instantes de control,
aúllo por dentro,
cierro los ojos,
despacio,
slow motion patético y se reinicia el espacio-tiempo.

Retorna la velocidad de crucero.

Del ascensor baja Paul Atreides,
el puto Paul Atreides,
el puto Muad´div con sus ropas fremen
y la saturación de la especia
inyectando de azul sus ojos.

Miro alrededor, nadie se percata,
se aproxima, asiendo una caja,
me escudriña y murmura:

- introduce la mano imbécil.

No reacciono.

Muad´dib sonríe y comienzo a sudar,
la recepción se diluye,
las paredes se derraman arrastrando las baldosas flácidas,
las luces parpadean y la sonrisa de Atreides
se transforma en una áspera carcajada que engulle
la brisa del bar.

Siento el corazón alojado en la garganta.

Suena el teléfono, bofetón de realidad y vuelve la quietud.

La recepcionista me señala,
en sus ojos la necedad y la cólera se combinan,
mueve los brazos, gesticula,
retomo la consciencia en su inmensidad,
me llevo la mano al corazón y arranco la chapa que me etiqueta…

… despierto.

Despierto al mundo y de un portazo
alejo las tinieblas,
renuncio a mi casa, a mis cómics,
abandono el cadáver hueco de otro yo,
una camisa de hombre-serpiente,
espontánea heredera de la serpiente embustera
que anidaba entre el Tigris y el Éufrates.

Y acaricio el camino,
arrojando sal por encima del hombro,
sincronizando el cuerpo y el alma,
con la certeza de estar un poco más cerca
de algún tipo de verdad.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Esta noche tiene las entrañas podridas.

Apenas quedan del día fragmentos,
el horizonte se entretiene con los matices rosáceos
de un naranja que se diluye,
mientras,
descubro la arquitectura efímera
que juega a soportar el armazón de las horas.

Una esfera impertinente alumbra el camino que serpentea
entre los campos en barbecho,
el aire huele a cenizas y lluvia, a lágrimas sulfúricas,
a adjetivos indecentes,
es el mismo camino del que veneraba el polvo
que tus pies levantaban.

Las ventanas cerradas visten la calle de secretos,
de dramas y comedias, de sexo y angustia.
Reembolso la moral a esta sociedad de engaños
y me adentro en la batida cruel, cazador,
censor de escondites, rastreador de momentos intensos,
espectador del abismo.

Más tarde,
cuando se detiene el tiempo al impactar sus fronteras
con los límites de la cordura,
extraigo los frutos maduros del asfalto,
fotografío los recuerdos , cartografío
las constantes de esta amalgama de instantes,
y de la suma infernal de ambiciones, de recuerdos y verdades
destilo átomos de incertidumbre,
abrazo almohadas metafísicas,
eyaculo mordiscos al viento… serenidad,
serenidad, serenidad…

Serenidad que me empantana
en este jardín volcánico,
y me despierta a lametones...

...soñando...

...perdido...

....en una noche que no acaba.

sábado, 15 de octubre de 2016



Una victoria no te convierte en ganador,
de la misma manera
que la ausencia absoluta de ellas
no resuelve en tu contra.

La noche está oscura,
más allá de las translúcidas cortinas
el viento susurra mentiras
a los desconchones de los muros,
miro al techo tratando de obviar los gemidos,
que borrosos,
llegan del apartamento de al lado.

Envidio el cuerpo que te hace aullar entre bendiciones.
-le grito al silencio-

Dejo la habitación y me siento en el sofá,
la erección no disminuye,
bebo un trago de whisky y trato de olvidar
cómo ascienden los gélidos tonos
por tus muslos.

Enciendo el televisor,
hay pornografía cultural y le han otorgado el Nobel a Bob Dylan,
nado entre las ondas y termino reventando
el mando a distancia contra la pantalla.

La madrugada enraizada,
y en los silencios reverbera el eco de la derrota.

Una victoria no te convierte en ganador,
suspiro mientras observo
la sangre que abraza mis heces.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Sigo en conflicto con mis prioridades,
cansado de peregrinar como un lamento
mientras en la calle ríe la gente
y la brisa suave
baña con gentileza el asfalto.

Me encuentro solo.

Es cuestión de ver mi semblante
frente a frente,
de bucear,
en cada arruga,
en cada pliego,
en cada mancha,
y recordar tiempos más felices.

Perdido en brumas
Muerto en pasado.

Sigo.

Sigo cansado y molesto al verme incapaz
de reaccionar,
siempre entre gemidos,
siempre vomitando versos impostados
buscando redimir la conciencia,
un torrente de frases rasgando mi piel
como arena en un tornado.

Sigo mi camino,
por las oquedades que ocultan las sombras
de las soledades,
como un mendigo que pide
cariño
envuelto en cartones,

si tu me miraras,
si te acercaras…


te devoraría.

martes, 20 de septiembre de 2016

Llega el otoño,
se presenta entre aguas,
desnuda el bosque y enfría la noche
con su pátina de tristeza.

Desde la cueva se divisan las columnas
suaves y blancas de humo,
se alzan al cielo, lo manchan
de grises matices al contacto
con los nubarrones.

Me envuelvo en la manta,
apuro un cigarro de bellota,
ralentizo el tiempo y lo acompaso
con las ganas de vivirlo.

Aún así sonrío con indiferencia,
el oscuro espejo de 32 pulgadas
devuelve una mueca desagradable,
un perfecto desconocido,
un amago de náusea con piel ajada.

No existe para el malvado razón que entienda,
ni justicia.
Sólo puntos de vista y sugerencias
dictadas por las circunstancias
    - me da por pensar -

Pero sigo respirando,
despierto sólo a medias,
pero respirando, contemplando el hervidero,
soñando con hervir,
temiendo el momento en el que el sueño conecte
con la realidad.

Y no logre entonces discernir mi rostro,
del reflejo que devuelve el televisor
apagado.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Cuando la tarde se ajusta, como piel de serpiente,
y las arenas que recubren las dunas se compactan,
se endurecen,
se tornan cemento,
es cuando me doy cuenta de la soledad que emerge del silencio.

Las paredes,
de una sobriedad insostenible,
igualan exterior e interior.
Mecido por las moscas paladeo el aire caliente,
y grito,
y devoro pornografía trashumante
destrozando el sofá con mil vueltas.

Entonces cierro los ojos,
abro la mente,
-puertas de la percepción tras humo denso de goma-
y las conversaciones acuden a mi encuentro:

                        -El monólogo genocida de quien plancha en el piso de al lado.
                       
                        -Los gemidos de afirmación que entrecortan
                         las extensas disertaciones del catedrático del segundo.
                       
                        -La voz rasgada  de la reina alcohólica que habita
                         más allá de las nubes,
                         que lucha a gritos contra la indiferencia agobiante del joven príncipe,
                         y se escupen adicciones a la cara,
                         se amenazan,
                         se destruyen en suicidio colectivo y programado.

Recobro la consciencia y el sol sueña
con bañar de luz tierras mejores,
las sombras templan las corrientes y calle abajo
se pueblan las puertas con ancianos que discuten,
arreglan el infierno con sencillez impecable,

y yo,

ávido de contacto,

me abrazo al fantasma de ojos azules y sumerjo la mirada
en agua gélida.
rescato del olvido sonrisas,
dejo de mirarme las venas con intenciones mineras
y vuelvo a la intensa labor de contar horas
perdido en una espiral de minutos.

lunes, 29 de agosto de 2016

Un enjambre de abejas,
bajo el agua, inmersas,
la dulzura de los sueños
5mg entre copa y copa.

Observo cómo hablas,
tus gestos faciales,
la vehemencia de de tus manos
en movimiento,

arriba y abajo,
arriba y abajo.

Un plato me roza la oreja y estalla
de la manera más hermosa
contra la pared del comedor,
en mi cabeza suenan puentes melódicos,
guitarras intensas y baterías descompasadas.

Te vuelves diosa babilónica del amor
y de la guerra,
fagocitando lo primero y oscureciendo la mirada,
mi Ishtar de madrugada,
mi perla cotidiana que supura verdades
como dagas.
Pero nada penetra en mi mundo,
allá donde me encuentro
sólo los cantos de los elfos del mar de Belegaer
sintonizan con mi semiconsciencia.

Y te sonrío en un impulso reptiliano para apaciguar la tensión,
y lloras,
y destrozas la habitación,
y te exasperas aun sabiendo
que el diablo es esclavo de su condición.

martes, 23 de agosto de 2016

Giusy Ferreri .- Non ti scordar mai di me / Roma Bangkok







El contorno de tus labios 
dibuja inmensidades mientras se desliza, 
húmedo, 
por mi espalda,  
podemos follar sobre el piano de Sam, 
o en el minúsculo apartamento romano 
de Gregory Peck.

Más tarde lucharé 
contra los monstruos de la realidad, 
y un mundo de ceniza borrará de un plumazo 
el hermoso templo de Isis. 

No me entiendes, 
no sufras, 
ni yo lo hago. 

Es cuestión de perderse 
en las matemáticas escondidas tras el deseo salvaje 
y experimentar una juventud olvidada,  
derramar el blanco esperma por tu espalda, 
-cine porno- 
mientras disfrazo el universo de cine clásico.

Pero eres tan tierna, 
tan de tu tiempo, 
que las palabras de un viejo parecen 
aullidos en plena tormenta.

miércoles, 6 de julio de 2016

- Egeria -

Resumo
para no perderme en imbecilidades:
que la chica no tenía papeles
no lo supe hasta mucho después,
sus ojos eran todas las referencias
que necesitaba,
y su boca,
y esa manera de hacer el amor
como si estuviéramos follando,
¿o era al revés?.

La mañana del lunes la dejé en Ópera,
tenía una entrevista de trabajo,
y aunque el cielo cubría de cenizas las aceras,
y un mirlo calló fulminado a mis pies,
no quise hacer mala sangre
y nos despedimos con un beso.

Al mediodía me llamó
preocupada,
me contó algo sobre el yo,
el superyo,
la fase oral,
el calor que tenía,
las efímeras gotas de sudor que se deslizaban
por su vientre,
circunvalando el piercing del ombligo...

...una llamada más.

Yo estaba tirado en un banco del parque,
resolvía ecuaciones bicuadradas
al tiempo que gemía levemente
a modo de asentimiento,
un sonido parecido al que suelo emitir
al fingir los orgasmos,
porque los hombres también fingen los orgasmos,
sobretodo
cuando están tan colocados
que el pene tiene la misma sensibilidad
que una varita de merluza congelada,
se finge por agotamiento,
no por satisfacer a la pareja.

El caso es que después de esa llamada
no volví a saber nada de ella.

La policía se puso en contacto conmigo,
me habló de conspiraciones,
agujeros de gusano,
paradojas espacio-temporales,
me enseñaron la fotografía de un fresco antiguo,
una tal Egeria,
se parecía a mi chica,
aunque mi chica tenía las tetas más grandes.

Después desaparecieron,
todos desaparecieron,
me quedé sólo,
escribiendo poemas,
fumando marihuana
y soñando despierto.

- Nina y El lagarto -

En la esquina trabaja el Lagarto,
su alma de hueso,
su voz,
diamante azulado en colgante de hojalata.

El Lagarto nació para estrella.

Nina pasa cada tarde por la avenida principal,
un trabajo de mierda viola
sus impulsos de vida,
no es consciente
de lo perverso de su situación.

El  Lagarto probó las mieles del éxito
y las hieles que defecaron sobre su pecho
en finísimo polvo blanco.

Eligió el camino coherente con la falta de dignidad.

Sincero consigo mismo
prefirió el olvido,
la suciedad,
el desprecio,
a la horrible idea de ser culpable
de responsabilidad.

Nina se masturba cada mañana frente al espejo,
se corre mientras su marido se afeita,
más tarde prepara el desayuno a los niños
y su cabeza
entra en un bucle permanente,
de simpatía
y frases vacías.

Nadie en el mundo entiende su soledad.

El médico le receta Lexatín.

El Lagarto canta rancheras esta tarde, la heroína es buena y se siente el rey.

Nina vuelve del trabajo, camina despacio, como una gata, como una reina.

Se miran,
son dos adolescentes ingenuos que piden cariño a silencios,
se acercan,
respira uno el aire del otro,
sonríen nerviosos.

Nina abre el bolso,
sobre la mano un par de euros,
roza su piel ajada con los dedos,
sólo en ese instante se siente viva,
el Lagarto sigue convencido de repetir un sueño,
y se alegra de saberse muerto.

Un minúsculo latido altera la paz del reino,
desde la ventana la dulce niña observa el horizonte,
a sus pies se extiende el valle,
y bajo la verdura abono de huesos
y carne podrida.

Suena el despertador,
un haz de sol
juguetea con las motas de polvo y señala
la ropa interior a los pies de la cama.
Duermes,
desnuda,
blanca como la nieve dibujas escenas
con el movimiento de los ojos,
yo me levanto,
me desperezo,
te beso la mejilla,
susurro palabras sin alma,
me despido.

Cuando despiertas sientes la inmensa alegría de la libertad,
vas a trabajar en coche, recordando tus sueños,
recordando la ventana orientada a poniente,
la luz rojiza del atardecer sobre los valles de Romia,
el fresco aliento del anochecer acariciando la hierba,
y frente al espejo del retrovisor
apenas una sombra en tu mirada será el recuerdo del imbécil
que quiso quererte y huyó,
incapaz de amarte en dos mundos.

Nina Simone .- Sinnerman


domingo, 26 de junio de 2016


Esbozo en la ventana desánimos de vaho,
el conductor arranca,
la vibración del motor es sedante.

En la dársena se quedan los “por qués”
arraigando
en los tiestos saturados de colillas.

Miro hacia atrás pendiente de una sombra,
comprendo que no vendrás
mientras una balada de Scorpions nos devora,
tantas películas han hecho
-me decías-
un daño irreversible en la fracción del cerebro
que regula la realidad.

Abandono Madrid,
no recuerdo el destino,
no recuerdo estar sobrio.

El autobús vuelve a detenerse,
son las dos de la madrugada y no encuentro
cómo despejar el alma,
consigo una botella de ron en la gasolinera,
divina poción para anestesiar la razón
y borrar tu rostro de las estrellas del cielo.

Es una misión suicida, perdida de antes de tiempo.

La dualidad del asiento delantero no se suelta la mano,
se acarician y se besan
-nosotros solíamos hacerlo-
se dicen cosas al oído,
cálidas palabras de caducidad palpable,
y recuerdo la última noche,
cuando entre lágrimas te susurré un te quiero,
mientras gritabas,
que también Hitler amaba a sus perros.

Insomne



Silenciar los gritos de la noche bajo sábanas de apatía,
y dejar sin sabor las experiencias
sin misterio las conquistas,
ocultar los deseos,
desvanecer los siniestros impulsos,
rezar,
cada instante,
rezar para no beber el pentotal de tu boca,
para no toparme frente a frente
con el combado espejo que devuelve
el reflejo
de las alucinaciones.

Y sin quererlo disfruto,
de la agonía de la espera,
de la fuerza irracional que nos destroza,
que nos ahoga en un mar de segundos,
olas de tristeza bajo el influjo de la luna llena.

Y resisto las enseñanzas de la experiencia,
inmune a las ostias de la vida,
igual, siempre igual,
con los mismos altibajos y la misma capacidad de abstracción,
con el mismo interés por la vida,
la misma frustración por vivirla,
con la misma capacidad para crear sueños de papel de periódico,
la misma torpeza para exprimir sentimientos.

Silenciar los gritos de la noche bajo las sábanas de la apatía,
como descifrar obviedades
cuando los demonios susurran nanas al oído.

domingo, 14 de febrero de 2016

Una nube gris se pasea por el cielo
el asfalto es un espejo de brea
y la realidad es un momento que se instala
junto al llanto.

Mira mis manos de sal,
que las alas se escondieron
tras las grietas de algún mar.

Mírame bien,
mira mis fragmentos rotos,
alma autista sin salida.

Mírame bien
en esta nueva dimensión,
la he creado para sentirme
una especie en extinción,
mi paraíso perdido bajo el aguacero.

Y cuando tú,
tu falda abierta y tú
y la pierna que se pierde más allá de la cadera,
me siento azul,
pequeñito y azul,
un pitufo desterrado en un mundo sin amor.

Y suena la melodía...

...la lalalala la lala la lalalala la lala...

...la plaza gira y los turistas se incomodan...

...la lalalala la lala la lalalala la lala...

...soy un engendro oscuro
en un juego desdibujado....

...la lalalala la lala la lalalala la lala...



martes, 12 de enero de 2016

DAVID BOWIE - Heroes



Puede sonar vacío,
oportunista,
puede ser que los inminentes cuarenta
me escupan a la cara y que deambule por las calles
jurando que ya no existen grupos como antes,
pero sin Lou Reed,
sin Freddie Mercury,
sin Barret, sim Lemmy,
cómo coño podemos ser héroes,
aunque sea por un día.
Hoy me emborracho con mis amigos,
con Bowie sonando,
Changes y otro wisky,
Starman y lleno el vaso,
llamamos al Mayor Tom a gritos por la ventana,
nos responde curioso
el hombre que quiso vender el mundo,
y mientras tanto la botella se vacía
y los amigos se duermen,
mañana culparemos al alcohol de nuestro careto,
aunque sabremos que las ojeras son el precio
por sentirnos un poquito más solos,
un poquito más viejos,
un poquito más alejados de la perfección.

Descansa Ziggy

lunes, 11 de enero de 2016

Un batir de alas,
sonoro como las olas del fin del mundo
se escurre por las paredes.
Miro sus grandes pechos y busco
el equilibrio en el respaldo del taburete.

La música sitia a los malditos,
boquean sonidos herméticos,
The xx,
Infinity es una oda a los sonidos graves.

El camarero trae whisky,
ríe y derrama el dorado tesoro
sobre su boca abierta,
siento la presión entre las piernas,
desvío la mirada mientras me enfrento
al descenso.

Sus labios mojados me encienden.

Un reguero de sudor desciende por su cuello,
huele a sexo y a rutina,
excitado
busco mi sombra en el espejo
mientras bebo de un trago
lo que queda de cerveza .

Intento articular palabra.

Se levanta,
sus caderas forman una preciosa curva,
agonizo al imaginar
el suave arqueo de su espalda
sobre el capó del coche.

Suena Him, Wicked Game,
y ardes en la pista,
detengo por un instante el circular movimiento
del espacio
y detengo el tiempo,
floto sobre cabezas de gente sin piel,
examino sus piernas,
la perfecta armonía de los muslos
en mística unión con la vida.

Mareado vuelvo a la barra,
Kings of Leon y Sex on fire,
me muerdo el labio cuando se sienta a mi lado,
pide otro whisky y me sonríe,
respiro hondo y eructo.

Otro macho en celo se acerca.

En ese instante toco fondo,
lamo el suelo y maldigo las horas vacías,
la lentitud lamentable de la agonía.

En el coche reclino el asiento,
el frío de la madrugada atraviesa las ventanas,
cierro los ojos,
demasiado borracho para conducir,
demasiado cansado para empotrarme
contra la mediana de la autopista.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Apoyado en la barandilla del barco la pesadumbre
se manifestaba de manera innegable en mis gestos,
voces que en otro tiempo fueron la base estable
sobre la que cimentar una vida,
perdieron todo el sentido,
a lo lejos la costa se hacía visible.

Cuando tocamos tierra
entre rostros acreditados creí disiparme,
busqué consejo en las visiones de reinos pasados
y un manojo de cálidas sonrisas
templaron mi ánimo,
al final de la calle,
levantada con piedras grisáceas,
reparé en la estación abandonada.
Al atravesar sus puertas me sumergí
en el translúcido paso de almas en tránsito,
y en una de las gradas laterales
sentí una mano cálida,
y un beso.

No salí solo del edificio,
un cielo de borrasca vaciaba su cólera contra el mar azabache,
corrimos hacia la playa
en el preciso momento que desconectaron los cables,
justo a tiempo para ver cómo los dinosaurios
caían fulminados en la orilla.
Golpeaban la arena con sus largos cuellos,
como grandes rascacielos que desplomados
formaban torbellinos de fina arena,
un momento tan triste como hermoso.
El día que empezó la guerra
el atlético jugaba contra el Betis,
tú no querías ver el fútbol
y yo prefería fumar marihuana,
hicimos un pacto.

Aquel día hubo atentados,
siempre los había por aquel entonces,
llamamos al chino para cenar
mientras veíamos por la televisión
la concentración de repulsa.

El dia que empezó la guerra
más del treintamil personas
se dijeron te quiero al oído,
bajito,
muy bajito,
como si fuera un secreto ,
o un pecado.

Los niños dormían entonces.

El dia que empezó la guerra
los McDonalds estaban repletos de gente,
las terrazas, los hoteles...
subió el Ibex 35
y el gallego que fabrica ropa en el tercer mundo
volvió a liderar la lista forbes,
cuentan,
que en una aldea cercana a Palmira
nació el mesías,
su cuerpecito sin vida
aún es mecido por el viento
dentro de una jaula de metal.

De días anteriores
no recuerdo nada,
me faltan las ganas
y el interés.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

THE XX - Infinity


Las calles,
arenas movedizas
bajo el casual deseo de los cascotes,
crepúsculos de tránsito,
relentes carmesíes en los muros,
braille contrapuesto,
impresiones de hemoglobina
bajo las nubes del asesinato.

Como roedores sin cloaca
equidistantes entre el desaliento
y la congoja,
ocultas,
escondiendo las ilusiones
tras puertas blindadas...

… existimos.

Cae la noche,
un manto de podredumbre
transita las ruinas,
caminos que fueron
son teatros
de pánico,
el silencio afilado,
resonancias opacas que amenazan
con estrangular los gemidos,
los sollozos.

Invisibles,
agazapados,
en nidos-nichos
tratamos de dormir,
ahogando la consciencia
en el agua sucia de los charcos,
inhalando el intenso hedor a muerte.

Despunta,
y un sol ultrajado
calienta partículas de polvo
en suspensión,
chispea barro rojizo,
y una canción atronadora
destruye los tímpanos,
homínidos sin equilibrio vagabundean
por las aceras,
arrastran los pies, aguantándose en las paredes,
una burla amarga que nace del individuo
y se propaga
con independencia
del entorno.

miércoles, 28 de octubre de 2015

La confusión se muestra inclinando mis espacios,
tras la puerta se escuchan los pasos del olvido,
el compás exacto de la medida de tu caminar,
la botella de whisky se estremece de frio,
el espejo abierto,
microscópicas partículas de dióxido
bailan junto a mí,
viramos,
giros fútiles para descubrir el suelo.

Distingo tu silueta junto al marco de la puerta,
es la sombra de un incidente
que concluye en suicidio colectivo,
nos dejamos aguijonear por la apatía
nos abofeteó el asco en la frente.

Fueron las condiciones de esta historia,
la acritud de una noche gris,
lo irracional de un contrato con beneficiarios
heridos de deseo.

Tú y tus monstruos,
tus atalayas de mierda,

desde la otra punta de la ciudad
resistes el invierno
abrazando otro cuerpo.

Yo,
yo me resisto a la realidad y golpeo las paredes con los nudillos desnudos,
yo me sumerjo en los vapores del sueño,
yo me abrazo a la almohada
y resisto el calambre que me atormenta
cuando coincidimos,
y tus hijos me sonríen.

lunes, 19 de octubre de 2015

Me hago pequeño,
de forma gradual,
una absurda partícula de ceniza
que soldada en el cristal del retrovisor
transita el tiempo.

Me torno incorpóreo,
registro cómo se calma el torrente sanguíneo,
el corazón ralentiza sus pulsiones mientras los párpados
de hormigón
se pliegan sobre su eje.

Observo el festejo a través del filtro de los sueños.

Menguo,
soy luna errática que humedece los pies en el Leteo,
mar de la tranquilidad parejo y sublime,
mar de muerte.

Me escondo bajo un manto de otoño,
hojas secas,
impertinentes,
que afrontan coléricas la mirada gris del invierno que está por llegar,
acechante,
aullando con los lobos de Marte.

Párpados graníticos,
plúmbeas pestañas que disfrazan de cárcel los horizontes,
velo de lóbrega sangre
a través del cual percibo la luz
de una realidad entonces factible.

Brisa lejana,
portadora de aromas,
de átomos de especias,
cálida bocanada de aire con germen de adormidera,
susúrrame las palabras exactas,
pulcras,
magníficas,
murmura el conjuro que redima mi alma de esta autocompasión
que perturba el caos,
limpia de escombros mis venas,
de telarañas mis sentidos,
hazme de nuevo hombre
en esta selva que habito.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Muere el sol devorando
las sombras de los edificios.

En el corazón del mundo -ese que es sólo mío-
sonríen
los espectros.

Muere el sol,
su destino imperecedero
entreteje los caminos.

Desde un margen, -apenas intangible-
observo el revoloteo errante
de los quirópteros.

Bajo los arces aceitosos
los necios deambulan enganchados,
murmuran sublimes pensamientos
que lubrican las mejillas,
señales de amor-sexo-amor,
el penetrante cortejo,
amable,
complicado.
La alborada será para ellos
un laurel de sufrimiento prohibido.

Oigo sus risas,
recuerdo cuando los árboles de Madrid
vestían nuestros nombres.

Muere el sol,
ahora soy yo quien devora
las sombras.

Cierro los ojos,
apreso los últimos fulgores,
los licuo
junto al recuerdo turbio de tus caderas.

Muero yo,
y un sol sin pasiones
bronceará esta vez
tu vientre.

miércoles, 22 de julio de 2015

De esta cuenta atrás que llamamos vida
ni el misterio de lo que vendrá me interesa,
decaigo en el sofá mientras siento
la humedad del sudor.

Las ventanas abiertas
y la noche que no afloja.

Opto por beber hasta perder el sentido,
buscándote,
porque sólo existes cuando soy feliz
y sólo soy feliz cuando llueve,
o cuando pierdo el sentido.

Te imagino como entonces,
con tus enormes ojos de Carmen Maura
y la sonrisa inocente de quien se siente querida.

Me coges de la mano
- qué gordo y calvo estás-
pero no me sueltas,
el apartamento en metamorfosis nocturna,
y ya no es un nido de soledades.

Vuelvo a la parada del autobús del edificio "B" como un viejo desterrado que se esconde detrás de los árboles e imagina la vida de los transeúntes.

Y así es como te veo, junto a quién una vez fui, enfrentados, bajo un fina lluvia de abril que acelera nuestros corazones.

Aquel día no te besé, tampoco tú me besaste, intuimos el momento, lo saboreamos, pero se escapó entre los regueros de la acera:

"Sabes mejor que yo,
que hasta los huesos,
sólo calan los besos que no has dado"
me cantarías al oído.

Poco a poco el destino y sus putas.

Pasaron los años,
y tu rostro desdibujado se volvía nítido
al recordar

tu sonrisa cuando nombrabas a Benedetti,

cuando escuchabas a Krahe.

Ahora que los dos han muerto,
no sé dónde buscarte,
no me queda de ti más que el nombre,
y el recuerdo de aquella película de Hitchcock.


jueves, 9 de julio de 2015

Converso

Cuando salió del portal tuvo la certeza,
la joven moriría a los pies del diablo.

La nube de mosquitos rondaba la plazuela,
-nada bueno trae el viento del este
- dijo el viejo desdentado-
-nada bueno - repitió mostrando las encías-.
El cielo ruborizado quiso regar
de lágrimas el barrio,
pero más poderosas eran las brasas
del asfalto.

Quiso en ese momento encontrar
en la iglesia cercana
sosiego para el alma,
rogar a Dios por la joven,
ante el altar de doradas maderas
bajo la mirada de mil calaveras,
humilló el lomo
como quien se desploma ante la muerte.

-¿Que debo hacer?
-se preguntó-
-¿pedir ayuda al altísimo es muestra de humildad?,
¿o es soberbia recordarle lo que mi alma ansía?.
¿Son estas piedras, imágenes y embrujos
el modo de entender lo incomprensible?.

Y mientras buscaba respuesta en las plegarias
el viento ardiente de levante
vestido de adormidera errante
desnudaba frente al diablo
a la joven penitente,
y frente a un coro de ángeles ilustres,
con papas y obispos empalmados,
sometía Satanás a la joven,
que gemía desconcertada.

¡Nunca más una oración!
- gritó desesperado-
¡ tierra, árboles, estrellas,
montañas, espíritus del agua,
duendes burlones de la naturaleza,
del espacio infinito,
polvo de estrellas,
al abismo.
A la sagrada línea que cruza
de este a oeste,
de norte a sur la corteza terrestre
me encomiendo!.

Bajo un manto celeste, en el encalado banco
de una ermita que antes fue templo,
y aún antes fue piedra,
duerme ahora sus penas.

Y en la voz quebrada,
en el temblor de la abstinencia,
acaricia el cuerpo sedado
de aquella joven.

Con las heridas abiertas.

Soñando que lo prohibido
es la constante que advierte
lo que hemos perdido.

jueves, 11 de junio de 2015

Aúlla la manada desde lo alto del risco,
el viento acaricia los árboles,
ríe escondido el diablo
en su madriguera de sangre.

La luna baña de sucio
los barrios,
se rompen los haces contra las ventanas-espejos,
y mil lentes se enfocan hacia el centro,
donde los lobos vigilan.

La avenida es un río furioso,
desgasta el asfalto las vibraciones,
se cierran las ventanas,
se bajan los cierres,
cometas de vidrio surcan los cielos
y estallan,
cobardes,
a escasos metros de la entrada al infierno.

Suenan los cantos de sirenas,
agudos, desquiciados
desde los cuatro puntos cardinales
torres de sonido se alzan
acuchillando palomas
rumbo al olvido.

jueves, 4 de junio de 2015

Murmuras tus verdades como quien grita mentiras al océano, 
pero la tarde es larga 
y las pequeñas orugas del chopo desfilan en procesión 
por el tronco grasiento. 

Nada importa, 
lo reconozco en tus murmullos, 
en las plegarias que susurras al viento, 
nada importa, 
la vida es una broma que termina 
sin puta gracia, 
por el camino sonreímos, lloramos, herimos, amamos, 
todo en su justa medida, 
todo con un horizonte nítido que termina en acantilado. 

Algún día aprenderé a callar, 
escribiré mis poemas con tinta de silencio,
tus murmullos serán las letanías que entre mis versos se desnudarán
mostrando el evidente desapego entre tu cuerpo 
y mi alma. 

Esquirlas de colores caerán a plomo sobre la hierba del parque, 
lluvia de muerte sobre naturaleza muerta, 
y del portal al infierno
resguardarás tu noble calavera con paraguas de plata. 

Te seguiré a distancia, 
preocupado y enfermo, 
te seguiré con la espalda encorvada, 
las rejas de los bajos se cubrirán de enredadera espinosas
celebrando el desfile del fracaso,
y una luna de espejo
con la pátina cobriza de la nostalgia,
reflejará la luz encarcelada.

viernes, 29 de mayo de 2015


Desde que se instaló el olvido
en la vida de este disidente que estudia el contorno de las nubes a través de un espejo,
la realidad se adhiere a la piel tornándola piedra.

Y si de este horror de honesta brutalidad,
que de los ripios menos afortunados
al cielo anaranjado se extiende
brotaran dulces cantos...

...las misma sirenas retrasarían el festín
para sentirse soñadas.

MILOW- Ayo technology


jueves, 28 de mayo de 2015


Fracturas mis días con la sigilosa precisión del cirujano.

Escribo mi vida en morse
sobre las nubes nómadas que calman con su sombra
el calor del asfalto,
sé que tú descifrarás el mensaje,
que abrirás las puertas y enfermaremos
de soledad.

La Guerra Civil arrasará con las voluntades,
y en las penumbras de las sábanas limpias
construiremos trincheras con matojos
de vello púbico.
En la calle,
mientras tanto,
lloverá tristeza sobre los coches parados,
y ancianos encorvados dejarán a medias su festín de basura,
buscarán refugio en los cartones
que invisibles brotan en las aceras.

Pero nada de eso será importante,
demagogias prostituidas frente a un plasma
sin glóbulos blancos,
nada nos hará llorar como antes,
cuando perdimos lágrimas del alma
en las orillas del Ganges.

Hervirán las cortinas,
se volverá de cera líquida las persianas,
el suelo abrasador
cubrirá de ampollas los pies desnudos,
y tú y yo,
frente a frente,
exhalaremos vaho azulado sobre pupilas congeladas.

Desaparecerá la esperanza de un mundo mejor,
dejando tan sólo la ilusión de creernos mejores personas.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Ilusiones,
arena de un sueño arcilloso
compacto bajo la rabia meticulosa
de mil millones de suspiros.
Me desnudo sobre el humo,
soy humo desnudo que se mece
en el viento cálido del Estrecho.
Soy el mar.
Cadáver de mar en miércoles de carnaval,
esbozo de alegrías y soleares,
la luz, sol,
Triana bajo la dictadura de un gordo coreano.

Y juego a quererte.

En el siniestro canto que precede al orgasmo,
juego a quererte
y acaricio tu clítoris con los dedos cruzados
mientras dibujas en mi espalda
pentagramas.
Luego nos invade la voz cálida de Billie Holliday
y los pájaros graznan:
-¡Aleluya Aleluya!- con los picos agusanados.
En sus nidos cruces de fuego,
corazones resecos,
lágrimas latentes.

En el espacio oculto bajo la espesa capa de polvo,
mugre,
y sentimientos sin nombre
bajo la bóveda sin mácula
que cercena la sombra.

Me esperarás.

Me esperarás,
y al cruzarnos de nuevo asquearás el rostro.

martes, 19 de mayo de 2015

Este domingo vamos al teatro,
-atención, spoiler-

Vamos al teatro.

La función tiene un final predecible,
las putas cobran sus dorados sobres
con las huellas sucias del estercolero
impresas en el dorso,
y personajes secundarios mueren asfixiados
bajo el peso vergonzoso del papel barato.

Vamos al teatro.

En el palco el Sexto acariciará
la vulva de la cortesana
- ¡maúlla  gata persa!-
entre sus labios un cigarro puro liado
con las páginas de la Democracia.

Vamos al teatro.

Tendrá momentos de alta comedia,
de enredos y disparates,
de hooligans y seres unineuronales,
y aquellas escenas tristes
donde el héroe muere abrazado
al cadáver de un futuro mejor.

Obra coral de hipnotizadores y trileros,
arrogantes vendedores de incapacidad crítica,
se girarán las puertas,
y desde lo alto de la torre Foster,
defecarán sobre los viandantes
mientras se carcajean
con la manos llenas de mierda.

Declamarán con sonrisas un Mein Kampf políticamente correcto,
sin judíos ni gitanos, solo obreros en diferido.

Una obra con cierto tufo a Esperanza.

miércoles, 13 de mayo de 2015



Contando estrellas paso la noches prisionero,
en la penumbra de los cenagales
busco  arrullo,
juego al espantapájaros cirrótico
que olfatea mariposas de cristal.
Y quebrado
sostengo el aliento
en este abismo de verdura,
en esta ceremonia de velos negros
que me atrapa excitado y corrupto.

De los grises charcos de una mañana de Enero
germino invisible y abatido,
multiplico algunas piedras
en la bolsa marsupial que me sirve de escroto,
sin miedo de filtrar veneno
y adormecerme
con los vapores de servidumbre.

Y en pie,
como quien busca una puesta de sol
en la noche más oscura,
recorro  desiertos de gris cemento,
leyendo poemas en el polvo del camino,
intuyendo versos
en los ojos que me esquivan.

Recuerdo entonces el motivo
para  rasgarme las venas
y contar, gota a gota,
la pureza vacía de esta historia.

Sin causas,
sin recuerdos ni expectativas,
sin más pronóstico que la razón pura,
la concatenación de medidas subsidiarias
a la propia pereza.

Y desayuno susurros que emergen
del mismo caldo de sustancias pueriles
que afloran de cada disparo errado
que a mis rodillas dirijo.

miércoles, 6 de mayo de 2015

 Desde la periferia de la misma vida
observo las ondas de luz
en su esplendor,
y las bocanadas de dióxido
amplían la pesadez
que de mis párpados
al sonido celeste de las tragaperras
esparcen en quintos y tercios.

Tatúo cuarenta decepciones en la espalda,
y de la imagen
queda la duda de un pasado que soñó en futuro,
y un presente difuso:
                                 polvos sin ángeles
                                 ni arcángeles.

El sabor del infierno se destila
de la sangre del espejo,
la misma que surca perfecta
la muñeca del cobarde,
densa y oscura melaza
de fracasos y olvidos.
Y como un dios senil que orina en los ascensores,
canturreo  rabiosas letanías por las aceras,
mientras vuelan,
sucias,
las gaviotas,
sobre los tejados del profeta.

Reconozco entonces el esperpento
travestido de adjetivos,
de demagogias y tristezas,
y observo con ojos comatosos
mi sombra en el asfalto.


sábado, 25 de abril de 2015

Si por abandonar de este lado la tristeza, 
lágrimas y camisas negras 
regocijan el descanso, 
no será ni sombra de un atisbo 
el futuro que humilde regalo. 

Que de mis huesos y tendones 
se destilan amarguras 
y riegan el vacío 
y llueven con desidia 
sobre los campos desiertos, 
sobre añejas rutinas. 

No pretendo mendigar suspiros, 
ni perdones, 
ni añoranzas 
de este boceto a vuela pluma, 
de este fogonazo de luz pura 
en la noche que adormece 
y supura 
y retuerce las palabras. 

Es un canto de generosa cobardía.

domingo, 15 de marzo de 2015

Es azul,
fria y azul,
la bienvenida
y la luz.

Del suspiro escapa la maldición
como espuma de olas.

Las calles de espejo,
los manantiales-cuchillas sin vida
los puentes con candados.

La muerte,
serena y dulce pasea por las azoteas,
su inmaculado rostro sonríe a los gatos,
en el segundo piso se frotan las patas
las cucarachas,
y un recuerdo color sepia
atenaza los somníferos.

Hay mugre en las paredes,
y moho
y tristeza,
y la voz desafinada de aquella joven
que espera regresar de la Luna.

Una farola parpadea,
la ciudad se frota los ojos
y un viento cálido,
como aliento de hiena
arrastra periódicos gratuitos por las aceras.

La obesidad neurótica,
la sentencia,
sentado en su trono el hombre perdido
sueña
con la dama helada,
en sus labios la sangre dibuja
paisajes metálicos.

En la acera de enfrente la sexualidad,
perversa y retorcida,
reclama el oro de los necios,
gritos de odio arañan los ladrillos,
claman soluciones para que este malestar
endémico
se vuelva aceptable.

Mientras
los muertos
aúllan impotentes
desde sus nichos.


Foto de Giovanni Troilo

miércoles, 18 de febrero de 2015

Me sitúo dejando de lado las brumas,
entre la saciedad y la autocomplaciencia,
cubro de negros andrajos mis carnes
admiro desde la distancia
el cruel salvajismo de la libertad.

Muero entonces de envidia,
y revientan mis venas
como mariposas dentro de un microondas.

Las aceras se dibujan con trazos hermosos,
desde el coche miro desorientado,
soy el enfermo imaginario,
el adalid del fracaso.

El ferroso sabor que dejan en mis labios las ostias de realidad
regulan la fantasía,
son el observatorio para la decencia y la moral de un discapacitado social
en un mundo de poses y espejos,
la base apropiada para sustentar
el rascacielos de barro
desde el que una vez soñé volar.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Para ti (donde estés).

Imaginar...

Un mundo en color.

Cuando éramos jóvenes, 
cuando sólo el dolor nos hacía escribir. 

La luz del sol
era entonces más luz, 
el viento y sus naves
golpeaban las puertas 
y camino a la percepción
decidimos dormir,
yo en tu vientre,
tú en un satélite de Júpiter.

Vacío y sin voz, tiemblo al recordar
los ángeles disléxicos,
el ronroneo seco de las morsas 
en el valle,
tu brazo extendido,
la aguja, el mechero,
los trinos de las gaviotas en Laos,
tu pulso acelerando,
la sangre,
la sonrisa de cera en tu alma.

Sólo el dolor
seca la tinta en el papel,
y este papel de plata arrugado
se tiende al calor de una fotografía
de tiempos menos abstractos.

martes, 3 de febrero de 2015

Apareces como la melodía de una canción triste.

Conduces un coche pequeño,
azul,
como el destello de tus ojos años atrás
bajo la cálida lluvia de primavera.

Hoy llueve también,
pero es esa lluvia de febrero que cala los huesos,
y tú no me reconoces entre la gente.

Me detengo en el paso de cebra,
todo un segundo,
todo un mundo,
estás preciosa con el gorro de lana
y el flequillo negro, liso, acariciándote las mejillas,
los labios rojos contrastan bien
con la blanca luz de tu rostro.

Me oculto bajo la capucha del abrigo
con un calambre sordo en el estómago,
aprieto el paso.

Desde la esquina te veo desaparecer.

domingo, 1 de febrero de 2015

Nada



Hay un desaliento que no muere
hasta el crepúsculo,
cuando soy la sombra intuida de la sombra
que pude ser
y mis putas tristes entonan canciones
de Morrison.

El atardecer es un poema de soledad,
y yo,
un verso suelto que intuye
libertades que hieren
y mentiras que ahuyentan.

Ya ni las musas se desvisten,
ciegas,
ante mi desazón distraída.
Ni las noches desérticas
hacen mella
en el denso fluir
del porvenir.

Cierro los ojos
lamiendo las llagas invisibles
que laceran mi cuerpo.

Cierro los ojos.

Me ajusto la careta, 
con la sonrisa dibujada 
y mirada de hombre bueno.

Y desperdicio las horas hablando 
con nadie 
de la nada.

martes, 27 de enero de 2015

Polvo + DUNCAN DHU: Palabras sin nombre


  

  Y me angustia

           el conocimiento

          permanente,

          proyectado

     sobre la probable

                       linea del tiempo.

Imperceptibles

     destellos crean

          y destruyen

        Universos

       a diario.

           Una mota

               de polvo,

          en el lugar

                         idóneo,

        en su tiempo

               exacto,

puede catalizar

               el fin del mundo,

              el fin del orgasmo,

o una bala

                   en el pecho.

lunes, 19 de enero de 2015

Blue monday

Puede que sea este el lunes más triste del año,
puede que el frío que cala los huesos
arañe los pocos segundos
de sensatez
que aun recorren mis neuronas,
puede que nadie vea más allá del estercolero,
y el vacío existencial recubierto de panceta
desfigure los espejos hasta reducirlos
a esquirlas.
Puede que no merezca ser
el receptor
de amables palabras,
y continuar la vida emitiendo silencios
en una imperceptible frecuencia.
Puede que borrar de un plomazo
la estúpida sensación de status quo
sea la manera mas refinada
de devolver su sarcasmo al dios
de la gente perdida.

Puede, puede, puede, puede, puede...

Puede que el aire de la montaña
sepa más dulce acompañado
de diacepam y vodka,
y que las estrellas cierren sus párpados al compás
de unos latidos
perezosos.
Puede que no soporte amanecer
en esta ficción
y prefiera el amor de las piedras,
el calor del olvido.
Puede que ser ejemplo
sea la mejor señal para enterrar
entre sombras
las ganas
de despertar.

viernes, 2 de enero de 2015

No voy a lamentar más perdidas,
no voy a excusar ser la constante
de todas las ausencias...

La calle palpita plena de vida,
las aceras, los escaparates...

Los coches completan sus trayectorias
sin sentido,
acariciando el invierno
con sus guantes de goma.

-Ningún atisbo de pertenencia-

El sol funde sus últimos rayos,
carga la atmósfera de fuegos anaranjados
y rosáceos,
envuelven el horizonte,
la gente mira al suelo,
los edificios se vuelven barrotes inmensos
de sucio hormigón.

La humedad fría de la ausencia
empapa Madrid con sus minúsculas gotas.

Desde mi celda escucho las risas, los petardos,
el silbar de los cohetes, las canciones...
me envuelvo en la manta,
apuro el cigarrillo de marihuana y respiro soledad.

Desde las brumas del mundo,
desde la calma,
desnudo de nostalgias,
sonrío,
pues sin duda no conozco labor más noble
que proteger al ingenuo de mi compañía.